CG 2016 Palabras de Acogida

XXI CAPÍTULO GENERAL - julio 2016  - Drumalis Retreat Center

Hna. Jeanette Gaudet, fmic

Introducción: Buenos días a todas, Bonjour, Good morning, Morning Tru y bienvenidas de nuevo al comienzo de nuestro XXI Capítulo general en Drumalis.   Estamos en este lugar espectacular donde podemos cantar en voz alta “¡Laudato si, o mi Signore!”  Justo más allá del Mar del Norte, que me imagino ustedes han visto ya, está Escocia, el lugar donde dio fruto, por primera vez, la semilla de la vocación misionera de Elizabeth mientras salía en barco de Escocia hacia su primera misión en Jamaica.

En este estupendo entorno vamos a afrontar un tema crucial, lleno de desafíos: “Yo soy la Vid... Podar para dar fruto.” Este tema surgió con dificultad cuando nos encontramos el año pasado. No ha sido aceptado con entusiasmo, con "¡qué bien!", más bien lo aceptamos con un sano realismo. Podar ¿es solamente algo más que disminución? ¡Lo hemos oído ya tantas veces! Sin embargo, ha ido encerrando un contenido muy rico, que seguimos todavía desgranando. Es cierto que la tarea de la “poda” nos puede dejar con sentimientos encontrados, y al mismo tiempo se nos llama también a mirar “los frutos.” A nuestra Elizabeth le gustaba la imagen que del jardín tenía Teresa de Ávila quien dijo: “Nuestras almas son como jardines.”

Durante unos momentos me gustaría reflexionar con ustedes sobre las 3 partes de este tema - la poda - el dar fruto y nuestro nexo con la Vid. Las invito a que lo hagan teniendo como telón de fondo no a Teresa de Ávila sino a la famosa mística del siglo XII Hildegarda de Bingen, quien escribió: “Poseemos 'el poder reverdeciente' de Dios.”  Por 'reverdeciente' ella entendía no solo esa maravillosa vida verdeante que llena los bosques y deleita al jardinero que ve los primeros brotes primaverales, sino además una efervescencia que es la fuerza mística vital de Dios en toda la Creación. De ese poder reverdeciente brota el dar fruto que es la clave de nuestra participación en la misión de Jesús.

Primero - Podar: Empecemos por la poda. Es posible que hayamos oído a Dios decirnos, “TU podas para dar fruto.” Es nuestra tarea y en particular en este momento de la historia de nuestro instituto. Puedo asegurarles que nunca - como en los últimos meses - había leído tanto sobre el arte tan peculiar de la poda, ni la había observado con tanta atención. En nuestro Generalato en Roma, los jardineros podan como nunca se había visto. A veces se trata de un proceso más bien sorprendente, que ciertamente ¡no es muy bonito ver! Mirando a los jardineros me he sentido asaltar por muchas dudas cuando podan las ramas de nuestros limoneros, dejando tan solo el tronco principal y unos pocos tocones. Sin embargo, después de unos meses de paciencia y confianza, hay siempre resultados milagrosos cuando esos pequeños brotes verdes empiezan a aparecer y luego ¡una tal abundancia de limones! No hace mucho que  hemos empezado a disfrutar de un estupendo  ¡limoncello!

Alguien me envió hace poco un artículo de la Hermana Rose Bill que me gustó mucho. Indicaba 6 características de la poda que sería bueno considerar a fondo durante los próximos días. Para empezar la poda, se necesita confianza y valor.  Ambas cualidades son necesarias desde el primer momento, porque de lo contrario ¡para qué podar!  Debemos creer que es posible un crecimiento aún mayor y darle espacio. Otras dos cualidades necesarias son la elección del momento oportuno y el conocimiento, es decir conocer cada planta y cómo proceder a la poda. Un buen discernimiento es clave para alimentar y recortar las cosas.  Cortar ¡no es lo mismo que podar!  Es cierto que hay que eliminar las hojas muertas, pero a veces es más difícil decidir también cuándo es bueno cortar ramas que aparentemente parecen sanas. Esto se hace mejor siguiendo el parecer de personas expertas, y por ello junto con el momento oportuno y el conocimiento necesitamos el trabajo en equipo,  trabajar con otros que sean habilidosos en  este arte.  Y, por último, podamos un jardín para que crezca más pujante, para que tenga más vida.  Toda poda tiene como fin alimentar la vida, dejar que la vida florezca.Así que6 características: confianza, valor, momento oportuno, conocimiento, trabajo en equipo y alimentar la vida - y es esto lo que vamos a hacer durante este mes, al participar en ese “poder reverdeciente” que Dios nos da.

En segundo lugar, consideremos el nexo entre la poda y el dar fruto.  San Pablo aprendió esta lección hace mucho tiempo, cuando dijo: “Yo planté la semilla, Apolo la regó,” PERO “el crecimiento lo ha dado Dios.”  Los que cuidan el jardín deben hacer su trabajo bien, pero solo Dios permite que el fruto crezca, cualquiera que sea.  Somos colaboradores de Dios, pero el producto final es acción de Dios. Esto supone un cierto abandono y la espera en el Señor.  El crecimiento, el fruto, no podemos darlo nosotros. Preocuparnos es in-fructífero. Nuestro trabajo consiste en cuidar el todo con esmero y proporcionar la justa poda.  Pero todo este trabajo se basa en el contexto subyacente a este tema que es: “Yo soy la Vid...permaneced en mí, quédense conectadas. Yo estoy en ustedes y ustedes en mí.”  Sin una vida de profunda y mística vida de oración, toda la poda del mundo es inútil para la misión. Nos convertimos en máquinas que producen trabajo. Y toda esa productividad no es necesariamente fruto de Dios. La clave para dar verdaderamente fruto es el discernimiento. Debemos examinar siempre la situación, los signos de los tiempos, el entorno, la calidad del espacio en el que estamos creciendo. ¿Es allí donde el Divino Jardinero buscará fruto ahora, hoy, en este tiempo y espacio?   

 

Un aparte psicológico: Otra palabra similar al dar fruto es generatividad. La expresión 'ser generativo' la usa Ericson para describir las fases del desarrollo. Generatividad es la séptima fase de la madurez que tiene lugar aproximadamente entre los 40 y 65 años. (¡Tirando un poco de la cuerda, la mayoría de nosotras encaja aquí!). Generatividad se da o criando hijos en una familia o ayudando a crear cambios positivos que son de beneficio para otras personas.  Una persona deja huella en el mundo ocupándose de los demás o creando y realizando cosas que mejoran el universo, nuestra casa común.  Nuestros apostolados son una expresión de la generatividad: la enseñanza, la sanidad, la obra social, la pastoral, etc. La virtud de base que se necesita para la generatividad es el cuidado.

 

Si no “cuido,” no haré nada por los demás, sino solo por mí.  Una persona puede sentirse desconectada o no involucrada en la comunidad o en el conjunto de la sociedad. El Papa Francisco habla de religiosos o clérigos ¡“auto-referenciales”! Sin duda alguna, ¡no son buenos jardineros!

 

Tareas del Capítulo: Así que cuáles son nuestras tareas aquí durante estas semanas - cómo podemos ayudar a Dios en el proceso de jardinería de nuestro Instituto. Miraremos nuestros Círculos de Comunión MFIC y cortaremos y recortaremos y posiblemente injertaremos literal e interiormente. Esto requerirá una planificación práctica y una enorme cantidad de confianza para que se haga realidad el sueño que el Maestro Jardinero tiene para con nosotras. Dentro de unos minutos invocaremos al Espíritu Santo pidiéndole un corazón capaz de discernir y una mente abierta a este sueño de la misión de Dios en el mundo. Dios está ya en ese futuro, atrayendo y haciendo señas para que colaboremos con Él, sirviéndonos de su “poder reverdeciente" y co-creando un mundo mejor.     

 

Por la Palabra de Dios en nosotras, ya tenemos algunos frutos porque la Palabra de Dios nos ha podado. ¿Cómo podemos usar mejor esos frutos para la misión? ¿Cuáles son esos frutos? En primer lugar esos frutos son nuestras Hermanas, nuestros talentos nuestro amor y los dones del Espíritu, nuestros proyectos, nuestras finanzas, nuestras propiedades. Un jardinero debe considerar cómo usar mejor los frutos. Si no cosechamos en el momento oportuno, gastaremos energía y el fruto se echará a perder. Recuerdo a un jardinero ya jubilado en Clacton-on-Sea.  No le interesaba vender sus tomates para sacar un beneficio, él gozaba con la huerta. Puso una pequeña mesa ante la verja de su propiedad donde amontonaba sus sabrosos tomates y los daba a los transeúntes.  ¡Qué hombre tan amable y cuidadoso con ese brillo de satisfacción en sus ojos cuando se daba cuenta de que la gente apreciaba su producto! ¿Estamos dispuestas a dar, a regalar nuestros frutos?

 

 

Así que en este Capítulo nuestra tarea no es tan solo determinar qué podar, sino también cómo hacer para que los frutos que Dios nos da enriquezcan cada vez más la misión de Dios. En la Asamblea Plenaria de la UISG, que se ha celebrado hace poco, nos encontramos más de 900 superioras generales para considerar el futuro de la vida religiosa. Uno de los signos del futuro ha sido sin duda la colaboración con otros, con los laicos o con otras congregaciones religiosas. La frase “No hagas nunca sola lo que puedes hacer con otros” se ha convertido en el lema del Encuentro. Así que al empezar este XXI Capítulo general, encuentro muy sugerentes las palabras de la escritora espiritual de estos tiempos que cita a Hildegarda de Bingen:

  •  abrirnos a lo inesperado,
  • creer más allá de nuestra seguridad,
  • acoger a Dios en cualquiera de sus modalidades y
  • confiar en nuestro propio “reverdecer.

¡Confiemos en nuestro poder reverdeciente! Asumamos la tarea que Dios nos ha confiado, jardineras que se ocupan de reverdecer la tierra, nuestra casa común. Es posible que éste sea nuestro “Capítulo reverdeciente.” ¡Una gran tarea se despliega ante nosotras!

Agradecimiento: Pero antes de pasar lista y a la apertura oficial de este Capítulo, quisiera dar las gracias de una manera muy especial a mi equipo: Terentia, Verónica y Danielle por su participación en el proceso de reverdecimiento. Hemos trabajado juntas durante cinco años, realizando - esperemos - para el Instituto lo que ciertamente nunca hubiéramos podido hacer solas. Hemos podado el Instituto y a veces nos hemos podado mutuamente, a veces lo hemos hecho bien, a veces quizás  el corte ha sido un poco drástico aquí y allá, es posible que sin tener la aprobación de todas.  Es posible que hayamos ayudado a dar fruto. Hemos tratado de cuidar el jardín MFIC a nuestro modo, con los dones y talentos individuales, y las distintas personalidades, pero tratando siempre de sostenernos mutuamente. El compartir la fe cada día ha sido uno de los principales instrumentos de poda que hemos utilizado. Estoy muy agradecida por la oportunidad de haber trabajado juntas esos cinco años. Dentro de unos minutos vamos a empezar este XXI Capítulo general, y en ese momento nuestro mandato terminará oficialmente. Así que pido a mi equipo que se ponga de pie y que venga aquí. Y a ustedes les pido que las aplaudan, un aplauso que cada una se merece por este tiempo de servicio.

¡Gracias!