Julie Franchi de los Estados Unidos dice: "Entré impulsada porque me sentí atraída por el gozo de las hermanas que conocí en la escuela superior." 

Empecé mi vida como hermana franciscana misionera hace cincuenta años.  Entré impulsada porque me sentí atraída por el gozo de las hermanas que conocí en la escuela superior.  Me quedé porque su estilo de vida  es algo que encaja perfectamente conmigo.  Me acuesto y me duermo a la noche, dando gracias a Dios por mi vida, sabiendo que Dios me bendice en abundancia. 

He vivido en comunidad con muchas mujeres santas. Compartimos nuestros gozos, penas, esperanzas, sueños, luchas y oración en comunidad. Cada uno de nosotros trata de escuchar el llamado de Dios en el aquí y ahora, y seguir las huellas de Jesús, como San Francisco hizo hace muchos siglos.  La vida de comunidad puede ser un reto, pero la paz y el gozo son sus recompensas.  

He tenido la oportunidad de vivir en Estados Unidos y en Bolivia y de servir en muchos ministerios: educación, misiones extranjeras, educación religiosa, administración, migración, educación superior, parroquia y servicios sociales. Allí donde he ido me he encontrado con gente ¡estupenda!

Desde septiembre de 2011, soy directora del Departamento del Apostolado Social de Savannah, GA.  Nuestra misión consiste en ayudar y tratar de capacitar a los pobres, a los sin techo, a los discapacitados y a la gente en situación de riesgo. Con poco personal, porque somos solamente seis, y unos noventa voluntarios, y muchos generosos donantes, experimentamos cada día que Dios realiza grandes cosas a través de nosotros,  nos cuida, y está presente en medio de nuestra labor.

La primera relación en mi vida es mi relación con Dios que yo alimento a través de la oración personal, compartiendo la fe, la misa diaria, un retiro anual y con muchas otras oportunidades para crecer en santidad.  Dios, mi compañero, es ¡tan bueno conmigo! Con María me alegro y digo: "Dios ha hecho grandes cosas por mí, su nombre es santo".